Aunque la pobreza bajó, millones de mexicanos siguen enfrentando carencias que el ingreso no resuelve. Así lo indica el Índice de Progreso Social- una medición holística del desempeño social de un país, independientemente de indicadores económicos como el PIB- elaborado por México, ¿cómo vamos?. El estudio confirma que no basta con que mejoren los sueldos o que más personas tengan empleo: sin servicios públicos sólidos, las oportunidades no llegan a todos.
“Mayores ingresos no implica necesariamente mejor calidad de vida, porque la infraestructura pública es insuficiente. El mayor rezago educativo, el mayor rezago en progreso social”, explicó Sofía Ramírez, directora general de México ¿cómo vamos? durante la presentación.
La cifra central del informe lo resume: el puntaje nacional del IPS 2024 fue de 65 puntos de 100, el mejor desde 2015, pero todavía insuficiente frente a las brechas internas. Aunque todas las entidades avanzaron, el progreso no es homogéneo. La distancia entre los estados con mejor desempeño -como Ciudad de México, Aguascalientes o Querétaro, arriba de 71 puntos- y los más rezagados -Guerrero, Chiapas, Oaxaca o Veracruz, que rondan los 53 a 56 puntos- sigue siendo muy amplia.
El ingreso del 1% más rico es 442 veces mayor al del 10% más pobre
La pobreza multidimensional cayó a 29.6%, su nivel más bajo en una década, pero al mismo tiempo aumentaron carencias clave. El porcentaje de personas sin acceso a servicios de salud se elevó 18.6 puntos desde 2016, y en 2024 más de la mitad de quienes tuvieron un problema de salud terminaron atendiéndose en servicios privados porque el sistema público no alcanzó.
“Cómo resolvemos la ausencia de un sistema de salud: pagando, pero qué pasa si no tenemos para pagarlo”, advirtió Roberto Vélez, director del Centro de Estudios Espinosa Yglesias, al explicar que cerca del 48% de la desigualdad económica se origina en diferencias de oportunidad desde el nacimiento.
En educación ocurre algo similar. El rezago educativo sigue siendo uno de los factores que más empujan hacia abajo el puntaje de progreso social. “El rezago educativo silencioso tiene que ver con la cantidad de recursos que da el país para la educación. El IPS nos recuerda algo fundamental: el origen regional sigue marcando las oportunidades educativas”, señaló Patricia Vázquez, presidenta ejecutiva de Mexicanos Primero. Las entidades del sur concentran los porcentajes más altos de población con rezago educativo y, al mismo tiempo, los puntajes más bajos del índice.
A nivel nacional, las tres dimensiones del IPS muestran avances, pero también límites. El índice evalúa primero si las personas tienen cubiertas sus necesidades humanas básicas, como acceso a agua, vivienda, seguridad y cuidados médicos esenciales; después mide los fundamentos del bienestar, es decir, si la población cuenta con educación básica, información, salud y un entorno adecuado para desarrollarse; y finalmente analiza las oportunidades, que tienen que ver con derechos, libertades, inclusión y acceso a educación superior.
Desde 2015, Necesidades Humanas Básicas aumentó 4.5 puntos, Fundamentos del Bienestar 3.2 y Oportunidades 11.8, aunque esta última sigue siendo la dimensión con peor resultado. El informe subraya que, pese al progreso, una persona nacida en un estado rezagado mantiene menos probabilidades de desarrollar su potencial que alguien nacido en entidades más avanzadas.
