Un histórico directivo de Chevron ya busca perfiles para una nueva conducción de PDVSA

 En el año 2012 Chevron fue de las primeras grandes petroleras del mundo en asociarse con el entonces gobierno argentino de Cristina Kirchner para explotar yacimientos en Vaca Muerta, el mega yacimiento de shale en la Patagonia. Era una parada de alto riesgo porque Kirchner venía de expropiar la petrolera estatal YPF a la española Repsol y había fuertes dudas en la opinión pública sobre si los acuerdos con Chevron, que además en una primera instancia eran secretos, se cumplirían.

En ese momento el hombre de Chevron en América Latina era Ali Moshiri. El ejecutivo de origen iraní, pero ciudadano estadounidense, organizaba reuniones con periodistas para explicar su apuesta por Argentina a pesar de la incertidumbre que generaba la administración de Kirchner.

En uno de esos encuentros el directivo pasó la mitad de la reunión contando sus peripecias en Venezuela, donde tenía acceso directo a Hugo Chávez, con quien compartía largas conversaciones en los años en los cuáles la calidad democrática de Venezuela comenzaba a languidecer. El mensaje era claro: si Chevron hacía negocios en Venezuela, no había problema con Argentina.

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Moshiri, que conoce al chavismo desde su génesis, se ha convertido en un hombre clave en el panorama actual de Venezuela. Desde el fondo de inversión Amos Global busca canalizar recursos para que vuelvan las inversiones petroleras en esta nueva fase, ya con Delcy Rodríguez al frente del país.

Moshiri, según entienden en el sector petrolero, está sumamente compenetrado con los planes de Donald Trump que han generado un boom inesperado en los bonos venezolanos, en los de PDVSA y han derivado en un récord inusitado en la Bolsa de Caracas, cuyo principal índice creció desde el lunes alrededor de 70%.

Moshiri, que conoce al chavismo desde su génesis, se ha convertido en un hombre clave en el panorama actual de Venezuela. Desde el fondo de inversión Amos Global busca canalizar recursos para que vuelvan las inversiones petroleras en esta nueva fase, ya con Delcy Rodríguez al frente del país.

Ejecutivos del negocio energético con base en la CDMX aseguran que Moshiri será clave en un próximo recambio en las autoridades de PDVSA. Un proceso en el cual va de la mano con Jared Kushner, yerno de Trump y jefe de otro fondo de inversión que está operando en Medio Oriente en sociedad con las grandes fortunas del Golfo. El mismo fondo donde tiene un papel de asesor permanente el excanciller Luis Videgaray.

Encontrar un nuevo jefe para PDVSA es vital por los acuerdos de las últimas horas: la petrolera estatal del chavismo incrementará sus ventas de crudo a Estados Unidos y esas ganancias irán a cuentas bancarias controladas por Washington que, según Trump, generarán negocios y beneficios para el pueblo venezolano.

El acuerdo tendrá una instancia decisiva mañana viernes, cuando el presidente se reúna con los grandes directivos petroleros en la Casa Blanca. Allí acudirán los jefes de Chevron, ConocoPhillips y Exxon.

Moshiri, que conoce a fondo el entorno político venezolano, será un actor de peso en orientar la política energética de Venezuela. El escenario es complejo: en el ámbito energético hay muchas dudas sobre las reservas reales del país, que además tiene una infraestructura deteriorada para extraer un crudo ultrapesado.

Según el gobierno de Rodríguez las reservas venezolanas rondan los 300.000 millones de barriles pero estimaciones independientes hablan de menos de 100.000 millones.

El gran problema, desde ya, es el plano del largo plazo que se vuelve inevitable para el negocio petrolero: Trump está obligado a dar garantías de que Venezuela no quiera expropiar, en unos años, los negocios que ahora se vayan a generar. El pasado martes el diario londinense Financial Times estimó que para reactivar el negocio petrolero en Venezuela harían falta más de 80.000 millones de dólares.

Un péndulo intrincado: si bien el sector energético necesita que el chavismo siga controlando la estabilidad y el orden en un país donde operan desde grupos del narco hasta guerrilleros colombianos, también es cierto que, llegado un punto, la presencia de ese grupo se vuelve un problema, sobretodo considerando que Trump ya no tiene reelección.

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