La intervención del gobierno de Donald Trump en Venezuela cimbra al mundo energético ante la expectativa de que las grandes empresas petroleras estadounidenses regresen al país, tras más de dos décadas de ausencia, e inyecten crudo desde el país con la mayor reserva planetaria, alrededor de 300.000 millones de barriles.
El planteamiento de Trump fue claro: acceso “total” al petróleo luego de “revivir la dañada industria” de ese país. Pero entre especialistas advierten no será un proceso tan rápido como el republicano quisiera, pues se abren interrogantes sobre la deficiente infraestructura, el futuro político y el marco jurídico venezolano.
Por ahora se prevé que Trump reúna esta semana a Exxon Mobil, ConocoPhillips y Chevron Corp. para delinear los planes.
En los tiempos de bonanza petrolera, Venezuela produjo arriba de los tres millones de barriles diarios, actualmente su producción apenas llega al millón, en medio de las sanciones estadounidenses y el bloqueo naval. Pero la Administración de Información de Energía de Estados Unidos (EIA, por su sigla en inglés), estima que Venezuela cuenta con casi el 17% de las reservas probadas de crudo a escala global.
El avance de Trump sobre el petróleo venezolano complica la búsqueda de socios para Pemex
No obstante, para las petroleras extraer el crudo de las profundidades de la Faja del Orinoco implicará grandes desafíos pues se requiere una compleja capacidad técnica y operativa, además de reestablecer la colapsada infraestructura del país.
En promedio, son proyectos que pueden tardar alrededor de tres años, aunque especialistas como Arturo Carranza no descartan que puedan acotarse hasta a dos años si se aceleran los proyectos.
Ante este panorama, el mercado analiza con cautela el rumbo petrolero, pues descartan que sea en el corto plazo cuando el país bolivariano inyecte más crudo al mercado global.
De hecho, Janneth Quiroz, directora de análisis de Monex, señaló que las primeras repercusiones de esta acción serán Una reducción parcial de la prima de riesgo geopolítico, reacomodo de flujos, especialmente de crudo pesado que hoy va a Asia con fuertes descuentos y mayor transparencia en exportaciones, pero sin cambiar de fondo el balance global de energía.
Este escenario de calma se observa en los mercados: al arranque de esta jornada de lunes el tipo de cambio mostró una ligera depreciación para el peso mexicano frente al dólar al ubicarla de nuevo en el terreno de las 18 unidades -18.02 pesos por dólar- y el crudo tuvo ligeras ganancias de 0.54% para cotizar en los 57.63 dólares por barril.
Para Trump, este movimiento puede capitalizarse en el corto plazo para impulsar su imagen, en el contexto en que perdía fuerza su discurso, coinciden analistas.
Ignacio Martínez, académico de la UNAM y director de LACEN, advierte que para Trump esta invasión va más allá del petróleo: va por asegurar la seguridad energética de Estados Unidos. Resaltó que el país es un territorio con grandes yacimientos de oro y de tierras raras, entre otros minerales.
Otra arista del caso Venezuela es el impacto para México, pues plantea el regreso de un competidor fuerte en materia de exportaciones petroleras para Estados Unidos. Vale recordar que el país es el segundo mayor exportador de petróleo al país vecino del norte.
Hay que recordar que ambos países producen crudo pesado que se procesa en las refinerías estadounidenses, aunque ahora el contexto mexicano está marcado por una política de autosuficiencia energética orientada a reducir las exportaciones de crudo y aumentar la carga para refinerías, reflexiona Carranza.
Además, el especialista recalca que ahora esta competencia ocurrirá con una petrolera mexicana más debilitada. “Lo que pasaba hace 20 años es completamente diferente a la situación actual, pensando sobre todo en Pemex, una empresa que exportaba 2 millones e barrilles diarios, que tenía Cantarell en su plenitud. Era una empresa que competía muy bien”, dijo.
No obstante, Carranza considera que aún es posible que Pemex sea un buen competidor y eso se debe principalmente a su cercanía con Estados Unidos, pues vuelve más fácil el comercio a nivel logística.
Por su parte, Quiroz explicó a LPO que un mayor flujo de crudo pesado venezolano podría incrementar la competencia en ciertos mercados, pero no cambia de forma sustancial la posición de Pemex, cuyos retos siguen siendo financieros y operativos internos.
“El caso venezolano no representa un riesgo sistémico para México, pero sí un factor que añade ruido al entorno financiero: puede generar episodios de volatilidad en el tipo de cambio y en energía; y, obliga a monitorear precios de combustibles por su impacto inflacionario”, dijo.



