Crece el escepticismo en EU sobre la viabilidad de los planes petroleros de Trump en Venezuela

El discurso detrás la detención de Nicolás Maduro ha sido el petróleo. Una narrativa en apariencia contundente, pero que conforme pasan los días empieza a perder fuerza: ya no solo se cuestiona la viabilidad del propio plan petrolero, sino que los intereses de EU en Venezuela sean incluso más profundos.
Esta semana el presidente estadounidense Donald Trump afirmó que tomará control del petróleo petrolero y que acordó con las autoridades venezolanas que habrá un suministro por hasta 50 millones de barriles diarios, aunque aún no hay un plan claro para aumentar este bombeo, considerando que actualmente el país apenas llega a una producción de un millón de barriles diarios.
Por ahora Trump ha apostado a convencer a las empresas de comenzar sus inversiones e incluso promete estímulos económicos para ellos. La realidad luce más compleja de acuerdo con algunos reportes en medios como el Washington Post o el New York Time donde ya se filtran opiniones poco favorables para este objetivo de altos ejecutivos de las grandes petroleras estadounidenses.
Las empresas que quieran invertir en Venezuela para extraer el pesado crudo de la Faja del Orinoco tendrán que enfrentar el deterioro de la infraestructura y el rezago tecnológico elevan los costos de extracción a niveles poco atractivos, en un contexto de alta incertidumbre jurídica y política.
Algunas consultoras energéticas hacen ya algunos cálculos para entender la magnitud del reto. Por ejemplo, la noruega Rystad Energy, estima que con rapidez y un gasto mínimo las empresas solo podrán extraer alrededor de 350 mil barriles diarios y Venezuela necesitará una inversión de hasta 183,000 millones de dólares en los siguientes 15 años para aumentar la producción a más de 3 millones de barriles diarios.
El crudo prermanece por debajo de los 60 dólares y complica el plan de Trump sobre Venezuela
Por otro lado, Kayrros, empresa de inteligencia artificial, estima que aproximadamente un tercio de la capacidad de almacenamiento de Venezuela se encuentra actualmente inactiva, debido a tanques inutilizables, la reducción de la tasa de operación de las refinerías y la disminución de la producción de petróleo. Mientras tanto, las operaciones en las grandes refinerías interconectadas de Amuay y Cardón están operando por debajo del 20% de su capacidad, convirtiéndolas en centros de almacenamiento de facto, según los expertos.
Además, plantea que los oleoductos del país no se han actualizado en 50 años y se estima una inversión de más de 60 mil millones de dólares para reestablecerlos en óptimas condiciones.
Bajo este escenario de altas inversiones, algunos analistas advierten que es difícil pensar que las empresas hayan hecho sus planes de inversión para 2026 contemplando el nuevo escenario en Venezuela.
“Estas compañías a las que la administración Trump les pide que se involucren en Venezuela se enfrentan a enormes riesgos”, dijo al Washington Post Bob Mcnally, presidente de Rapidan Energy Group, una firma de investigación que sirve a la industria.
Además, el plan petrolero de Trump ocurre en el momento menos favorable para el sector con precios por debajo de los 60 dólares por barril y expectativas de que se ubique en este precio a lo largo del año ante una sobreoferta global.
“El petróleo es secundario”
En medio de los retos operativos y financieros que enfrentará Trump para lograr beneficiarse del crudo venezolano, algunos análisis van más allá y se centran en otro interés crucial para Estados Unidos: tomar control de las tierras raras. Venezuela es clave en este sentido y hay analistas que ya han puesto este factor como clave en la intervención estadounidense.
Tracy Schuchart, economista y estratega de Hilltower Resource Advisors, señaló en un muy extenso texto que la narrativa del petróleo y el narcotráfico es “un enfoque incompleto”, pues resalta que los minerales críticos se convirtieron en la principal prioridad del Pentágono en este año que empieza.
Por ejemplo, señala que los minerales críticos tienen una asignación presupuestal por 7,500 millones de dólares para este año, pues son clave para infraestructura de seguridad nacional. El problema es que China controla hasta el 95% de la capacidad mundial de procesamiento de la mayoría de los minerales críticos, esenciales para este fin.
“El hecho de que el Pentágono haya asignado estos fondos demuestra que los minerales críticos han sido elevados al mismo nivel de prioridad estratégica que las municiones y el combustible”, dijo Schuchart.
La joya de la corna es el coltán, materia prima esencial para construir condensadores de tantalio, que utilizan todos los sistemas electrónicos avanzados, incluyendo equipos de comunicaciones militares, computadoras de guiado de misiles y sistemas de radar. Pero el Pentágono afirma que este está bajo el control chino, al igual que otros minerales estratégicos.
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El análisis de Schuchart se centra en aclarar que es el Pentágono quien decide una acción militar, que posteriormente ejecuta el Ejecutivo. La economista expone que la defensa estadounidense detectó importantes amenazas en territorio venezolano relacionado con Rusia, China e Irak.
Bajo esta óptica, el objetivo del Pentágono sería era romper el control chino sobre los recursos de estos minerales; por otro, eliminar la capacidad manufacturera iraní y expulsar la presencia militar rusa. “Los generales comprenden las vulnerabilidades estratégicas en entornos de amenaza contemporáneos donde China, Irán y Rusia operan como adversarios coordinados. La narrativa del petróleo es un teatro”, concluye.




