El obradorismo sigue de cerca el viaje de Carney a China y presionan a Claudia por la alineación con Washington

Dos hechos de las últimas horas estimulan al ala más dura del Gobierno: por un lado, los dichos de Donald Trump sobre la poca importancia que le da al T-MEC y, por el otro, el viaje del primer ministro canadiense Mark Carney a China para acelerar diversas tratativas comerciales con el gigante asiático.
Para el obradorismo la única forma de contener los embates de la Casa Blanca es incrementando la relación con China, un vinculo algo deteriorado desde finales del 2025 por la imposición de aranceles a ciertas importaciones.
Los sectores más ideológicos abrazan la tesis de un pleno ingreso al bloque de los BRICS y reducir la dependencia del T-MEC, giro que se ha profundizado desde la reaparición de Andrés Manuel López Obrador para cuestionar la avanzada militar en Venezuela.
Aseguran además que Estados Unidos se volvió un socio impredecible frente al orden y el crecimiento de otras opciones como China y la India.
Conceptos que tienen muy poco asidero en el staff presidencial donde, la lógica, de momento, es la inversa: sin el T-MEC será imposible que la economía vuelva a crecer y que se pueda cumplir con los apoyos sociales. En definitiva, como suelen decir en el staff económico, “el morenismo no tiene destino sin el T-MEC”.
Conceptos muy visibles desde ayer martes, cuando el secretario de Hacienda Edgar Amador Zamora se sumó a un foro de ministros de finanzas convocado por el secretario del Tesoro Scott Bessent.
Lo mismo sucederá en el foro de Davos con el viaje de Altagracia Gómez, que irá a esa cumbre en representación de Sheinbaum con el mensaje de promover la inversión en México como plataforma para América del Norte.




