Mientras en México el gobierno ha tenido conflictos abiertos con empresas privadas españolas y batalla por atraer firmas extranjeras, Venezuela se dibuja como una nueva posibilidad para las grandes petroleras, como el caso de Repsol, que está lista para aumentar su presencia en ese país.
La firma con matriz en Madrid solicitó ayer recuperar su licencia para operar con la paraestatal venezolana PVDESA, a casi una semana de una reunión en la Casa Blanca con el presidente Trump, ante el cual la firma se comprometió a triplicar la extracción de crudo en ese país.
La decisión de Repsol de incrementar su participación en Venezuela tiene el visto bueno de accionistas institucionales como Black Rock empujan a la empresa en esa dirección, debido a la participación clave que la española ya tiene en la región.
Además, contrasta con la cautela que manejan las firmas estadounidenses, salvo Chevron, que aún no están del todo convencidas sobre regresar a sus negocios en Venezuela en medio de abultadas deudas del gobierno venezolano, un entorno político incierto y bajos precios del crudo.
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Repsol y ENI fueron las únicas petroleras europeas que resistieron los cambios de política energética con el exmandatario Hugo Chávez y los posteriores bloqueos estadounidenses, sosteniendo la producción en La Perla, uno de los mayores yacimientos de gas a nivel mundial.
La española también tiene proyectos con PVDSA para la extracción de curdo en la Faja de Orinoco sumado a la empresa mixta entre ambas firmas Petroquiriquire. Ambos proyectos han sido foco de problemas para Repsol, pues se ha generado una fuerte deuda que el gobierno venezolano se comprometió a pagar a través de barriles de crudo. Acaso este es el asunto más espinoso para las inversiones a futuro.
De acuerdo con datos de la empresa, Repsol recibía hasta marzo petróleo de Venezuela por esa deuda a través del pago en especie y, por otro, como pago en especie por la actividad que desempeña la firma allí. Sin embargo, estas transacciones se vieron interrumpidas por los bloqueos de Trump, que retiró las licencias de las firmas extranjeras en el país bolivariano.
Para algunos analistas, este punto debería frenar el entusiasmo de su CEO, Josu Jon Imaz, quien ante Trump declaró: “Estamos listos para invertir más en Venezuela y triplicar la producción allí”. Todo dependerá de que consiga la licencia.
Otro factor que se considera es el panorama de precios del crudo. Si bien por ahora las proyecciones generales apuntan a que los precios permanezcan por debajo de los 60 dólares por barril, algunos analistas no descartan tampoco un escenario alcista. Por ejemplo, Citi, -advirtió en diciembre que una escalada continuada en las tensiones con EE UU “podría poner en peligro las exportaciones y cargamentos de petróleo de Venezuela, lo que supondría un impulso alcista a corto plazo para el petróleo”. En su cálculo, las interrupciones de suministro por tensiones geopolíticas, llevaría al precio del barril a los 75 dólares.
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Con estas negociaciones, la firma española toma mayor distancia frente a México, donde el gobierno está batallando para atraer firmas extranjeras e impulsar la producción petrolera de Pemex, que promete alcanzar los dos millones de barriles diarios.
Sin embargo, las dudas sobre el nuevo marco legal y regulatorio, así como el protagonismo que mantiene Pemex, quien aún está envuelta en una millonaria deuda con proveedores, mantiene el bajo apetito entre las petroleras, por lo que en diciembre apenas trascendió que un puñado de firmas menores suscribió una parte de los 21 contratos mixtos presumidos por el gobierno.



